Un buen día de senderismo por el Río Chíllar, en Nerja.
Comienza el paseo por la cantera, en el que trascurre poca agua y de escasa profundidad. Es una zona ancha.
Conforme se asciende, el curso del río se va estrechando y aumenta su caudal. La mayoría del recorrido se hace con los pies en el agua.
Llegamos a una cascada muy bonita, que descarga el agua entre las rocas en una pequeña poza.
El río se vuelve a estrechar, hasta un corredor hermoso y angosto, de altas paredes de piedra que se unen en la parte superior, sin duda la parte más bella, para mi opinión.
El camino sigue hasta un gran salto... pero ahí, ya no llegamos. Nosotros estuvimos andando unas cuatro horas (Ida y vuelta)
"He reducido el mundo a mi jardín y ahora veo la intensidad de todo lo que existe"
Ortega y Gasset
Sí, el mundo está en mi jardín, más concretamente en mi patio. Es en la naturaleza donde podemos encontrar todo en estado puro. En plantas, animales, piedras, cielo y tierra... Ahí, ante nuestros ojos, aunque la mayoría de las veces pasen desapercibidos, están los pequeños instantes de felicidad, olores, sabores, tacto, colores, sonidos... en definitiva la vida fluyendo a nuestro alrededor.
Los sonidos de mi patio, la algarabía de los vencejos, el piar de los gorriones, las cotorras y tórtolas, ruidosas, el zumbido de las abejas, la suave caída de las enormes hojas de morera, sssssssss... qué difícil es escuchar al silencio, paradoja, pero probarlo, porque el silencio también tiene su sonido, y si no lo oyes, mala señal....estás muerto.
Los colores de las flores y plantas, amarillos, rojos, malvas, rosas, blancos... el cielo celeste, la noche negra, en mi patio la vida es verde, en todas sus tonalidades, claro, oscuro, olivo, esperanza...
Los aromas, para los más exigentes en cuanto olores, efluvios de plantas aromáticas: lavanda, toronjil, tomillo, romero, anís, menta, yerbabuena... y el romero rastrero, en mi opinión, la más exquisita de las fragancias naturales.
Los sabores, el fruto, pimientos, tomates, calabazas, sandías, melones, maíz...totalmente ecológicos, sin sustancias nocivas, solamente agua, buena tierra y sol.
Las formas, en la naturaleza encontramos una gran variedad...
Los animales, insectos, salamanquesas, mariposas, caracolas, pájaros...
En definitiva, vida pura, en su estado más natural, supervivencia animal y vegetal, y adaptación al medio, el ejemplo y la lección que nos da, día a día, la naturaleza.
Víctor Hugo escribió: "deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuánta vida está hecho un árbol"
Las dos diminutas mariposas revolotean entre las
florecillas de la menta, el toronjil y la hierbabuena.
Insignificantes insectos que pasan desapercibidos entre la
vegetación.
Sus siluetas juguetonas, perfilan líneas sombreadas y quebrantan
la blancura monótona de las paredes encaladas del patio, que destellan el sol
del mediodía, dañando las pupilas con tan intensa luz.
Lavanda, romero e incienso, aromatizan la jornada calurosa
de este mes: Agosto.
La calabaza invade, con sus enormes hojas, palmo a palmo,
cualquier resquicio de tierra libre en el arríate, salpicando de flores
amarillas su trayectoria vegetal.
El viento caliente las distrae, las impulsa, variando su
trayectoria. Pero las inquietas mariposas no se dejan engañar por el terral,
poniendo rumbo al rincón de las plantas aromáticas. En el aire una sobre otra,
jugueteando contra corriente, zigzagueantes piruetas, coqueteando con las
flores, más pequeñas y frágiles que ellas.
Los vencejos se marcharon a finales de julio. Los jóvenes
gorriones pían a sus anchas, sobre antenas y tejados cercanos.
La morera no deja de crecer. El limonero se abre paso,
como puede, bajo su sombra. Las parras comienzan a otoñar en pleno verano,
quemando ocres los filos de sus hojas verdes.
Domingo,
4 de Agosto, 8 de la mañana. Mi hija Claudia, Mª Angeles, mi mujer, mi primo
Francisco Javier y su kayak, y yo, estamos perfectamente empaquetados en dos
coches.
Ponemos
rumbo al espigón de la playa de la Misericordia.
Llegada
y desembarco, armamos el kayak. Tan solo hay dos o tres toldos y algunos
bañistas de edad avanzada.
Estoy
algo nervioso, va a ser mi bautizo en kayak. Tras ponerme el chaleco
salvavidas, me subo a la embarcación, con menos dificultad de la esperada.
Mi
primo se sube detrás y me da unas breves nociones de cómo se maneja el remo.
Cada
vez que meto el remo en el agua, freno o cambio la dirección del kayak, por lo
que decido dejar de remar y disfrutar de un agradable paseo en la mar.
Mi
primo, Francisco Javier, se afana con el remo para hacerse con el rumbo de la
embarcación. Tras varias vueltas sin avanzar y bajo la atenta mirada de los
pescadores del espigón, se hace con el control y vamos mar adentro.
Mi
mujer, desde el agua, ejecuta con el móvil un reportaje fotográfico del
momento, y mi hija Claudia se queda con Tani, nuestra perrita, en la arena de
la playa.
Inmersos
en la placentera travesía, nos percatamos de la progresiva afluencia de
domingueros. No se ven nuestras pertenencias, ni a Claudia, han colocado un
toldo delante, otro detrás, y otros muchos más a su alrededor.
Asistimos
perplejos a un intento de ahogamiento de una señora mayor en la orilla, los
nervios impedían poner los pies en la arena, y tras recomendarle que se pusiese
de pie la mujer dejó de gritar socorro y pudo comprobar que el agua le llegaba
por la cintura.
Se
suben al kayak mi mujer y mi hija, y sigue llegando gente a la playa.
Sentado
en la toalla rodeado de toldos, mesas y sillas plegables, neveras… y gente…
mucha gente. Se afanan en ocupar el mínimo hueco que va quedando en la playa,
en montar sus mega-estructuras playeras-domingueras. Unos, pacientemente,
hierro a hierro, con bolsas de tierra para los vientos, otros, con estructuras
desplegables más moderna, que con un solo clic rellenan el puzzle de toldos
rayados, verdes y azules, en que se ha convertido la playa.
Vienen
a por nosotros…una estructura roza nuestras cabezas y en un descuido,
disimuladamente, una señora empuja nuestros enseres depositados en la arena.
-¡Pero señora!
-Perdón, me creía
que no eran vuestro.
-Un momentito
que ya nos vamos.
Nos
tenemos que dar prisa, pues la invasión dominguera apenas deja paso para sacar
el kayak del agua y de la playa. Si nos descuidamos tenemos que desembarcar en
las playas de Maro, por lo menos, porque en la parte de Gibraltar no está “el
horno pa bollos”.
Ya,
en el aparcamiento, mientras que cargamos el kayak, son varios los conductores
que nos preguntan:
-¡Vais a salir!
-Sí, pero vamos
a tardar un ratito.
-¡No importa!
Mientras
espero fuera del coche la llegada de las piezas del kayak, no cesan de llegar
vehículos. Paran lo más cerca de la arena, un momentito, y descargan mesas,
sillas, neveras, toldos, sombrillas, suegras, niños, madres, cuñados, primos… y
se van a buscar aparcamiento.
Son
las once de la mañana, el sol comienza a calentar y el “desembarco de
Normandía” no cesa.
Nos
alejamos a toda velocidad, estoy deseoso de llegar a mi patio, buscar la
sombra, bañarme en mi Toi de 2,44
m. y saborear un bocata de jamón, tranquilamente.
Primo,
otra vez quedamos por la tarde-noche, y recuérdame:
El crepúsculo me ofrece un cielo
despejado. El día mengua y aparece la luna creciente. Un carrusel continuo y
ruidoso de vencejos vuelan de acá para allá. Una treintena de pájaros efectúan
piruetas, giros imposibles, vuelos circenses a toda velocidad, esquivando antenas y tejados, en apenas
setenta metros cuadrados, y milagrosamente no colisionan, a pesar del colapsado
tráfico aéreo.
Se apresuran para regurgitar la
última comida del día a sus crías, que esperan pacientemente en los huecos de
las tejas. Después, suben hasta dos mil metros de altura y a dormir. Estas aves
pueden pasar hasta nueve meses volando ininterrumpidamente, duermen, se
alimentan, incluso copulan en el aire.
La oscuridad y el silencio van
invadiendo el patio y las luces solares van prendiendo una tras otra, conforme
avanza la penumbra. Las salamanquesas emiten imperceptibles sonidos guturales,
y salen de sus escondrijos en busca de comida, escalando por las paredes
blancas, con nocturnidad y alevosía.
Llega la hora de los aviones “no
comunes”, pájaros de aceros, con sus innumerables variedades de subespecies:
Ryanair, Monarch, Iberia, Air Europa, Lufthansa, British Airways…
Vuelan muy alto, espaciados en el
tiempo, con rumbo y coordenadas fijas y con luces intermitentes. El ruido de
los motores, muy lejano y monótono, se instala por unos momentos en mis oídos.
La luna continua su paseo por el
cielo, ya no la veo. La oscuridad enfatiza el brillo de las estrellas, y para
mi satisfacción, reconozco a la Osa Mayor.
La noche es agradable, sin viento y fresca. Cierro los ojos, pero me cuesta
conciliar el sueño, han sido tantas visitas. Espero, ansiosamente, al amanecer
y al carrusel de vencejos, la algarabía de mi patio.
Muchos de vosotros ya conocéis a mi perrita Tani. Necesita el contacto humano y nos hacemos mutuamente compañía, no soporta la soledad, siempre tendida en mis pies. Me aporta más de lo que yo le doy, pues delego la alimentación y su cuidado en otros miembros de la familia. Por eso, le dedico este tiempo de juego, con poema de la inigualable Gloria Fuertes, "La pulga Federica".
Arroyo
Albarrán, de aguas turquesas y sulfurosas, Baños de la Hedionda, donde aliviaron
su sarna las tropas romanas.
Arroyo
de mágicas historias de santos y demonios. Bajo la sombra de un enorme y
frondoso algarrobo, del que se alimentan las ovejas, te contemplo.
La
pared horadada en busca del barro terapéutico, modelada suavemente por la mano
del hombre, es testigo mudo de la fila de pececillos que cruzan la charca velozmente.
La rana, aletargada por el sol, desde la roca, en mitad del arroyo, contempla a
un puñado de zapateros, que como Moisés, andan sobre las aguas.
Sigue
su cauce, presuroso y diligente, esquivando cantos rodados que se incrustan en
su lecho. Y sigue fluyendo bajo una cubierta vegetal de cañas y adelfas que dan
sombra e intimidad al arroyo.
Frenado
por piedras coloradas, ocres y verdes, superposición rocosa de la mano del
hombre, se forman pequeños remansos de paz, donde disfrutar del baño es un
placer, un lujo, a cambio de nada.
Entre
las piedras, buscando una salida, el agua vuelve a desbordar, creando un
murmullo transparente, salpicado por el canto de los pájaros, que picotean las
moras del zarzal.
Y
el arroyo avanza bajo el Canuto de la
Utrera, superposición kársticas de enormes rocas, hasta empapar,
más abajo, las viñas de Manilva y endulzaran el mosto, que animará las fiestas de la vendimia.