martes, 3 de junio de 2014

El reloj de mi abuelo...


 
Revolviendo un cajón apareció este reloj, probablemente perteneciera a mi abuelo Salvador, y me ha hecho reflexionar sobre el tiempo.
Uno de los significados de la Real Academia de la Lengua Española es:
“Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo.”



Los relojes son las cárceles del tiempo. El hombre, desde su nacimiento, se ha empeñado en cuantificarlo todo, hasta el tiempo. Existen relojes de agua, de sol, de arena, de pared, de muñeca, analógicos, digitales…
Pero el tiempo es indomable, pasa y pasa, es imparable.
Sólo en la ficción de las cajitas del tiempo, se puede parar, atrasar y adelantar.
Hace muchos años que no uso reloj, y desde entonces tengo “tiempo libre”, que me permite disfrutar más del “tiempo”.
Un día, mientras paseaba, alguien me preguntó:
-¿Tiene usted hora?
A lo que contesté
-No, sólo tengo tiempo.
 

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