miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Bola Roja


Recién fabricada me trasladaron, junto a mis cinco hermanas, a un espacioso escaparate del “Bazar Esperanza”, una mercería – juguetería en la Urbanización de Las Flores.

Era la navidad del año 1970, y nos expusieron con mucha delicadeza, pues estábamos hechas con vidrio muy fino.

         En pocos días pasamos a una casa del barrio, y nos colocaron a todas en el árbol de navidad. El único peligro para nuestra integridad era Angelito, un niño de cinco años que nos sacudía algún que otro manotazo.

         Yo soy la bola roja, han pasado cuarenta y tres años, mis hermanas, la bola amarilla, verde, azul, blanca y celeste, se hicieron añicos, por golpes y caídas fortuitas, a lo largo de este tiempo.

He compartido navidades con tres generaciones, y cada 8 de Diciembre me sacaban de la caja, envuelta en papel de periódico, con mucha alegría y alboroto, y me colocaban en el árbol de navidad. Los siete de Enero me acurrucaban, de nuevo, en el papel, en la caja de cartón y al mueble de la terraza, hasta el año siguiente.

He sobrevivido a muchos cambios en la moda  de la decoración navideña, moños, perlas, espumillón, colores y texturas… Pero lo inaguantable sucedió hace tres años. No sé de quien partiría la idea, pero compraron unas guirnaldas luminosas con “música”, y me pasé dos semanitas escuchando el “jingle bells”, una y otra vez. Menos mal que se estropeó el mecanismo y callaron para siempre.

Lo primero que ponen es el árbol y desde lo alto, tengo el privilegio de contemplar el montaje del belén. Eso si que es una odisea. Se convierte el salón en un estercolero, restos de tierra, ramas, serrín, corcho, musgo, agua…

En todos estos años, he contemplado auténticas obras de ingeniería belenística, pero la verdadera asignatura pendiente es la obra hidráulica del río. Años de inundaciones porque el agua bajaba muy rápida, con el consiguiente peligro de cortacircuito al contacto con las luces, no exento de electrocutarse alguien. Años de pertinaz sequía, al no llegar suficiente líquido, por el fallo del motor. La cuestión es que siempre se terminaba con el socorrido papel de plata o con espejitos.

Pero lo más divertido, con el consiguiente enfado del padre, era el movimiento nocturno de figuras. Las niñas se levantaban de noche y con la excusa de que estaban cansados de estar en el mismo sitio, ejecutaban el movimiento, apareciendo a la mañana siguiente un camello en el río, el pesebre con el niño Jesús a las puertas del castillo de Herodes, los cisnes en el corral de las gallinas…

El único movimiento fijo es que cada mañana el pastor defecando aparece en medio del portal. A pesar de los intentos del padre por averiguar quien era la autora de tal sacrilegio, a pesar de las amenazas y castigos, las dos hijas juraban y repetían que ellas no habían sido. Os diré un secreto, el autor de dicho movimiento, día tras día, año tras año, es… el abuelo.   

Me he tragado todos los discursos de su Majestad el Rey, las mismas batallitas de la Guerra que contaba el abuelo, los mismos chistes de los cuñados, y villancicos tradicionales: el tamborilero, pero mira como beben, en el portal de Belén, campana sobre campana… interpretados y desafinados por el coro familiar, con singulares instrumentos: botellas de anís, vasos, copas y platos, aporreados por cucharas, cuchillos y tenedores, lo que hacía más desagradable aún, la música tradicional navideña.

Nunca faltaron serpentinas, uvas, brindis, confetis y champagne en Nochevieja. Nadie ha sido capaz de tomarse las uvas sincronizadas con las doce campanadas, comenzaban antes o terminaban después, con algún que otro atragantado por la rapidez y los nervios.

Como por el sur no suele nevar, ni vemos renos, ni trineos, ni tenemos chimeneas, Papá Noel no ha tenido fieles seguidores en esta familia. Con el paso del tiempo el barrio se está degradando, por lo que somos más de camellos.

¡Qué ilusión! Vienen los Reyes Magos, hay que acostarse tempranito. Es un privilegio, desde lo más alto del Árbol, ver la cara de sorpresa y satisfacción de las niñas, recogiendo y abriendo los juguetes. Sorprendidos también los mayores, por esa corbata, calcetines, pañuelos…tan horrorosos,  que nunca pidieron y que jamás se pondrán.

Bueno, ya me va quedando poco para volver a la caja. ¡Hasta las próximas navidades!

PD: Un secreto que no puedo desvelar ¡No os podéis ni imaginar quienes son los Reyes Magos!
 
Enlace patrocinado por ElAelito Gran Reserva
 
 

1 comentario: