martes, 14 de mayo de 2013

Arroyo Albarrán (Foto-relato)


 
 
Arroyo Albarrán, de aguas turquesas y sulfurosas, Baños de la Hedionda, donde aliviaron su sarna las tropas romanas.
Arroyo de mágicas historias de santos y demonios. Bajo la sombra de un enorme y frondoso algarrobo, del que se alimentan las ovejas, te contemplo.

 

La pared horadada en busca del barro terapéutico, modelada suavemente por la mano del hombre, es testigo mudo de la fila de pececillos que cruzan la charca velozmente. La rana, aletargada por el sol, desde la roca, en mitad del arroyo, contempla a un puñado de zapateros, que como Moisés, andan sobre las aguas.


Sigue su cauce, presuroso y diligente, esquivando cantos rodados que se incrustan en su lecho. Y sigue fluyendo bajo una cubierta vegetal de cañas y adelfas que dan sombra e intimidad al arroyo.
 
Frenado por piedras coloradas, ocres y verdes, superposición rocosa de la mano del hombre, se forman pequeños remansos de paz, donde disfrutar del baño es un placer, un lujo, a cambio de nada.
Entre las piedras, buscando una salida, el agua vuelve a desbordar, creando un murmullo transparente, salpicado por el canto de los pájaros, que picotean las moras del zarzal.
Y el arroyo avanza bajo el Canuto de la Utrera, superposición kársticas de enormes rocas, hasta empapar, más abajo, las viñas de Manilva y endulzaran el mosto, que animará las fiestas de la vendimia.
 


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