miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mi Primo Juan

 
Mi primo Juan, no es mi primo, es primo de mi mujer. Mi primo Juan es el hermano que nunca tuve. Compartimos tardes de invierno en el campo de Estepona, tortas fritas mojadas en chocolate caliente, cuando éramos chicos. Compartimos excursiones a los fósiles, a los ríos, a la Charca de las Nutrias, playas de Bolonia, con sus hermanos Eva, Sonia y Alberto, con mi mujer y con Pili.



Y nos fuimos haciendo mayores, nos casamos, pero nuestra amistad perduró en el tiempo,  y compartí noches de Internet en su casa, programas, fotos, música, cervezas y whisky… frente a la pantalla del ordenador nos daban las cuatro y las cinco de la mañana. Porque mi primo Juan es un crack de la tecnología vanguardista, ipod, tabletas, móviles, ordenadores…

Mi primo Juan y yo congeniamos desde que nos conocimos, y  sólo una mirada o un gesto es suficiente, por supuesto, nos reímos, es nuestra mejor terapia, con nuestras palabras y frases de doble sentido surge la risa, ja, ja, ja…

Otra cosa en común es que sólo sabemos hacer niñas, el me gana 3 a 2.

Una de nuestras pasiones es la música, él con su guitarra y  yo con mi teclado, hemos fusionado e improvisado “la música para incomprendidos”. Este verano tocamos en tres o cuatro ocasiones en barbacoas familiares, en los que los afortunados asistentes pudieron comprobar el potente sonido “in live” de este dúo aún por descubrir. En el último concierto, logramos que abandonaran la barbacoa, progresivamente y sin pausa, todos los asistentes, quedando tan solo nuestras  hijas y nuestras mujeres. Quizás este dúo hace una música para cultos y melómanos, que va más allá del propio público.

Ya grabamos un tema, “Yo te fumo María”, de gran éxito.


 Pero lo más fascinante, fue compartir una excursión a la sierra de Estepona en su moto. En los últimos días de Agosto, me subí, no sin esfuerzo, a su moto, no sé de qué marca, ni de cuánta cilindrada, y rooom, roooom, a Los Reales. Cuatro horas de excursión inolvidables. Era la primera vez que montaba en moto grande, y estaba tan ilusionado y nervioso, como el niño que se monta por primera vez en la montaña rusa.

Bueno, Juanito, que nada, ni nadie, rompa nuestra inquebrantable amistad.

¡Amelia, vamos a celebrarlo!


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